En muchos lugares de trabajo en Uruguay hay una frase que se repite como si fuera inofensiva, casi cotidiana: “el que quiera irse, la puerta es muy grande”. 


Fotografía: IA


Dicha generalmente por encargados o superiores, no suele figurar en reglamentos ni comunicados oficiales, pero tiene un peso enorme en la vida laboral de miles de trabajadores.

Lejos de ser una invitación neutral, esta expresión funciona como una forma de presión. No se trata de una renuncia libre ni de una decisión tomada en igualdad de condiciones. Es un mensaje implícito que busca desmotivar reclamos, frenar cuestionamientos y empujar al trabajador a irse por su cuenta, evitando así que la empresa asuma las consecuencias legales de un despido.


En la práctica, esta frase aparece cuando hay conflictos por salarios, propinas, horarios, condiciones laborales o derechos básicos. El mensaje es claro: “si no aceptás esto, andate”. No se despide, no se negocia, no se dialoga. Se traslada toda la carga al empleado, que muchas veces depende de ese ingreso para vivir.


Especialistas en derecho laboral señalan que este tipo de conductas pueden constituir abuso de jerarquía e incluso acoso laboral cuando son reiteradas o se dan en un contexto de hostigamiento. En Uruguay, la renuncia debe ser un acto voluntario y sin presión. Cuando existe intimidación, desgaste psicológico o amenazas veladas, esa renuncia puede ser cuestionada legalmente y encuadrarse como despido indirecto.


El problema es que estas prácticas están tan naturalizadas que muchas veces no se denuncian. El miedo a quedarse sin trabajo, a quedar “marcado” en el rubro o a no poder sostener gastos básicos hace que muchos trabajadores acepten condiciones injustas en silencio.


La frase “la puerta es muy grande” no es liderazgo, no es gestión, ni es diálogo. Es una forma de disciplinar a través del miedo y de vaciar de contenido los derechos laborales. Visibilizar estas prácticas es el primer paso para discutir qué tipo de relaciones laborales se quieren construir en Uruguay.


Porque en un país que se jacta de sus derechos, ningún trabajador debería sentir que la única salida es irse por la puerta grande del silencio.


Félix Eduardo Cañizalez


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